Si ahí futuro

Carolina, nació en una familia bastante sencilla, sus padres en algún momento de la vida decidieron irse del campo, a vivir en la ciudad, obviamente en busca de un mejor bienestar, aunque como la mayoría de veces terminaron viviendo en un barrio marginado por la pobreza, de casas hechas de tablas o de los elementos que se pudieran adquirir, debido a esto la niñez de Carolina fue muy humilde, no poseía muchas cosas materiales, si no es que no poseía ninguna, cuando contaba con suerte en las navidades alguna alma caritativa pasaba por su barrio dando regalos y ella resultaba afortunada, a pesar de esto siempre fue feliz, muy feliz y creció sabiendo, que el futuro, había que lucharlo, y gracias a sus padres aprendió también que había que lucharlo de una manera honesta, poco a poco creció, y comenzó a trabajar y a conseguir también poco a poco las cosas que ayudaran a mejorar la vida y el bienestar de su familia, todo se vio algo troncado cuando un día se metió con cualquier hombre que la dejo embarazada y como muchos otros al escuchar la palabra hijos, realizo su mejor acto de magia y desapareció.

Al principio Carolina lloro y pataleo como niña chiquita, pero después comenzó a amar como nunca lo había hecho a ese pequeño ser que llevaba en su vientre y decidió que por alguna razón ese niño seria quien la acompañara, quien la cuidara, seria su ángel, de hay que cuando naciera le pusiera Miguel Ángel, una mezcla extraña entre humano y celestial, así lo creía ella.

Paso el tiempo y Miguel Ángel creció, ya tenia cerca de cuatro años cuando un domingo cualquiera como solían hacerlo a veces, salieron a pasar la tarde juntos en algún parque de su ciudad, Carolina empaco, con el mayor de los cuidados, en el mismo bolso que había guardado las cosas de su hijo por cuatro años, unas coquitas con los almuerzos y unas comiditas más, algunos juguetes para entretener a su hijo, y una cobija algo roída, para extenderla en la grama, en algún lugar del inmenso parque y acostarse a realizar la siesta luego de comer, entre risas y juegos pasaron la tarde y finalmente cerca del anochecer decidieron regresar.

Carolina tomo el bus, el mismo que la dejaría muchas cuadras abajo de su casa, y al bajarse monto su hijo sobre sus hombros a manera de caballito para ayudarle a subir, pero dos cuadras más arriba no pudo sentir menos que terror, al mirar al fondo de aquellas inmensas y muchísimas cuadras, y ver como las llamas del fuego consumían el lugar donde quedaba su hogar y el de muchos otros, corrió tan rápido y con tanto terror que no alcanzo a sentir cansancio, ni escucho las preguntas de su hijo indagando que sucedía; al llegar, no podía hacer nada, solo veía como los bomberos trataban de acabar con aquel inmenso fuego, y como las personas a su alrededor, aquellas que también estaban perdiéndolo todo, lloraban desesperadas he impotentes ante la situación; a lo cuál ella no tuvo mas opción que unirse, se sentó en una acera algo inventada entre piedras y arena y comenzó a llorar, ante la mirada dulce de Miguel Ángel, que aun no comprendía que sucedía, y miraba como cada una de las lagrimas de su madre rodaban por sus mejillas y no sabían cuando parar.

Así que el niño en su absoluta inocencia se acerco a ella, que solo repetía a cada instante como todo su pasado y su futuro se habían acabado de esfumar, tomo el bolso que ella traía en sus manos, ese mismo que ahora junto a la ropa que llevaban puesta eran sus únicas pertenencias, saco un juguete y unos momentos después se acerco a su mamá, la tomo del rostro y le dijo:

- ¨ mira mami, ya no tienes que llorar, si tenemos futuro ¨

Ella lo observo con tanto amor como nunca había logrado, ni pensado sentir en su vida, y sonrió sabiendo que su ángel, su Miguel Ángel tenía razón, mientras él, imparcial, ponía sobre sus manos, las de ella, una casa construida con su lego de juguete y le repetía:

- ¨ mira mami, ya no tienes que llorar, si tenemos futuro, acabo de construir una casa para ti¨

Miedo

Aquella era la segunda vez que tenia esa sensación ante una pregunta y realmente ambas eran similares; no sabia que responder, miro hacia atrás a la espera que aquel hombre le diera la respuesta, pero no llego, así que decidida dijo sin pensarlo más ¨acepto¨, la iglesia, estallo en aplausos y ella, beso a el hombre que desde ese instante se convirtió en su marido, ese que aunque no la hacia feliz, si le prometía un buen futuro o por lo menos un futuro con compañía.

La primera vez que Mónica tuvo esa sensación de no saber que respuesta dar, si la que quería o la que debía, fue el día en que Andrés le propuso matrimonio, ella solo lo miro, pero a su mente vino inmediatamente Juan, pensó en cuanto lo amaba y en las noches enteras que pasaban juntos en la cama haciendo el amor; pero un pensamiento más la agobio, el hecho de que Juan, nunca, ninguna de esas interminables noches luego de estar juntos, le dio un beso, le dijo te quiero o simplemente le comento cuanto la había extrañado; fue en ese instante que sintió que Juan en realidad no la quería, que sintió su desamor y entonces le dio el ¨sí, acepto¨ a Andrés, aun sabiendo que nunca seria realmente feliz, Andrés simplemente le ofrecía un futuro estable, con compañía, quizás con hijos, un perro y una bonita casa y para ella el desamor de Juan y el miedo a la soledad hacían que estas cosas fueran suficientes.

Dos meses después de ese día, estaba allí parada en la iglesia , frente a un padre que esperaba una respuesta mientras ella miraba hacia atrás, esperando que Juan entrara y se opusiera o le pidiera que no aceptara, pero Juan simplemente no llego, y ella acepto.

La parte de la historia que Mónica nunca conoció, fue como Juan la noche anterior se había emborrachado perdidamente en un bar, el mismo bar que ambos solían frecuentar, y como a cada persona que se le acercaba le contaba la historia, su historia, de cómo la mujer que más había amado se casaba al día siguiente con otro hombre y solo repetía que no hacia nada por evitarlo por que ella nunca, ninguna de tantas noches, después de estar juntos le dio un beso, le dijo te quiero o simplemente le comento cuanto lo había extrañado.